Esta perrita le tenía tanto miedo a los humanos que necesitó un suéter para ir al refugio

Cuando Echo llegó al refugio, la pequeña chihuahua parecía haberse dado por vencida con los humanos.

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Echo estaba protegida por la chaqueta del humano que la encontró en la calle, probablemente por razones de seguridad, para que fuese más fácil para el personal trabajar con ella.

TRISH ALEVE

“Se llevaron a la perra envuelta en la chaqueta y una vez que lograron que saliera, le devolvieron su prenda al hombre y este siguió su camino”, declaró Trish Aleve, una voluntaria del Centro de Rescate y Transporte de Chihuahuas (CCRT por sus siglas en inglés).

Como era de esperarse, cada vez que una persona intentaba acercarse a ella en el refugio ubicado en Toronto, Ontario, la perrita desconfiada intentaba morder a la persona.

“Por esa razón, obviamente les preocupaba ofrecerla en adopción directamente al público”, confiesa Aleve. “Por eso nos contactaron”.

TRISH ALEVE

Aleve, que ha hecho el papel de madre sustituta para muchos perros del CCRT, se ofreció para ayudar a Echo a recuperar su fe en la humanidad.

Así fue como la perrita pasó de ser un animal callejero, con un nivel preocupante de desnutrición, a ser parte de una familia con los otros tres perros de Aleve: Buster, Harley y Taco.

TRISH ALEVE

Al principio, Echo no estaba interesada en ellos.

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“Ella vino conmigo y revisó su nuevo ambiente. Me dejaba tocarla, pero aún estaba muy nerviosa”, recuerda Aleve. “Aún no estaba lista para que la cargara ni nada parecido”.

Pero durante los siguientes días, Echo demostró curiosidad en explorar ese mundo nuevo y extraño, donde nadie parecía tramar nada en su contra. Ni siquiera los demás perros de la casa. Si acaso, los perritos hacían lo que podían para garantizar que Echo se sintiera segura en su nueva vida.

TRISH ALEVE

“Pero siempre hizo las cosas bajo sus reglas”, aclara Aleve. “Se acercaba, inclinaba el peso de su cuerpo hacia mí y solo en ese momento se dejaba acariciar. Si yo me acercaba, ella huía”.

Buster, un perro de terapia, le ofrecía calma con su sola presencia.

“No es un perro muy juguetón, pero sí ofrece una sensación muy fuerte de calma y seguridad”, explicó Aleve. “Echo lo entiende y busca acurrucarse con él si necesita un poco de seguridad”.

Poco a poco, Echo encontró su lugar en la dinámica familiar.

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Para Aleve, eso fue un alivio porque ya no tendría que perseguir a Echo alrededor de la casa. Al menos no tanto como antes.

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“Todavía se esconde, en ocasiones, pero ahora solo tengo que dar dos vueltas a la cocina antes de que se rinda y se deje acariciar”, relata.

Pronto, fueron apareciendo más señales que evidencian que a Echo le está empezando a gustar tener a esa humana en particular en su vida.

TRISH ALEVE

“Ahora se pone muy feliz cuando llego a casa,” celebra Aleve. “¡Salta de alegría!”

Pronto, Echo tendrá que poner a prueba su fe en los humanos nuevamente. Acaba de ser ofrecida en adopción, pero esta vez empezará con el pie derecho, gracias a su familia temporal.

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FUENTEIHeartDogs
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